Mujeres que corren con lobos

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ACUARIO: EL FRUTO DISPERSA Y DISTRIBUYE SUS SEMILLAS

BAUBO, UNA EXCURSIÓN A RUANDA, EL OSO DEL CUARTO CRECIENTE

Tres cuentos sobre el instinto y la libertad

 

BAUBO, LA DIOSA DEL VIENTRE:

Cuando Persefone fue raptada por Hades, su madre Demeter -la gran diosa de la fertilidad- la buscó por cielo y tierra, en vano. Desgreñada, sucia y despechada, la gran diosa maldijo al mundo y ya nada volvió a renacer. Un día se le apareció una bailarina prodigiosa: no tenía cabeza, sus pezones eran sus ojos y su vulva era su boca. Empezó a contarle a Demeter chistes y bromas sexuales subidas de tono, hasta que la Diosa empezó a reír como loca. Finalmente salió de su furia y depresión y perdonó al mundo.

 

UNA EXCURSION A RUANDA:

el general Eisenhower iba a visitar a sus tropas en Africa y el gobernador preparó un recibimiento con las nativas al borde de la carretera. Las obligaron a vestirse pero ellas sólo se pusieron las faldas, quedando con los pechos al aire. No sabían qué hacer, pero la anciana de la tribu tranquilizó a los militares diciéndoles que las haría cubrirse. Así fue: cuando el jeep del general avanzó por el medio, una a una las mujeres se fueron levantando graciosamente la parte delantera de la holgada falda para taparse la cara con ella. Falda bajo la que nada llevaban.

 

EL OSO DE LA LUNA CRECIENTE:

el esposo de una joven había regresado de la guerra, sumido en un dolor implacable. Su cólera asustaba a la esposa, cada vez que pateaba las fuentes de comida que ella le llevaba. La curandera del pueblo le prometió sanarlo y le pidió que arrancara para ello un pelo de la garganta de un oso. La joven tomó el desafío, ascendió hasta el pico nevado de la montaña y se enfrentó con el temible oso, de quien pudo tomar el preciado pelo. Después de días sin comer y casi sin fuerzas, regresó con la curandera. Esta arrojó el pelo al fuego, que lo consumió de inmediato. La joven gritó... ¡le había costado tanto obtenerlo! Pero la vieja la calmó: “¿Recuerdas todos los pasos que diste para ganarte la confianza del oso colérico? Pues bien: vete ahora a tu casa y obra de la misma manera con tu esposo”.

 

Navegando con los Tres Cuentos del Instinto y la Libertad, por la superficie del río...
Si el Animus de una Loba se reseca, el maravilloso fuego sexual de la Diosa Baubo no logra su cauce, y puede quedar reducido a movimientos vulgares. Un gracioso gesto erótico puede ser malcomprendido, como el de las mujeres de Ruanda. Y si su fuego instintivo femenino es rechazado, su Animus puede transformar su osadía sexual en cólera y agresión, como el del esposo de la joven que fue en búsqueda del oso.

 

Navegando con los Tres Cuentos del Instinto y la Libertad, por el Río Profundo, el río debajo del río...
Pero si la Loba está pronta para un salto decisivo y creativamente “loco” hacia la otra parte del Río, acá reaparecerá de manera imprevista toda su plenitud lobuna, el júbilo del cuerpo sexuado, la libertad del deseo femenino en la expresión de todo su misterio. Acá Baubo, la diosa del vientre, podrá ser apreciada sin equívocos ni prejuicios. La Loba encuentra en este punto la luz del fuego oculto debajo del Río profundo, y aprende a perdonar al depredador por el miedo que su fuerza femenina le produjo. Ese perdón equivale a comprender en el Otro, el dolor que dio lugar a su ofensa. Distribuir los residuos oscuros del pasado, en lo que resta del camino, mutándolos en semillas de Vida-Muerte. Así se va delineando la clave de su arte mayor, el que la pondrá de a poco en viaje de retorno hacia la Loba Resucitadora. Esta clave es la libertad.