
SAGITARIO: LA FORMA RENACIDA VIAJA HACIA LO ABIERTO
En una región de vientos fuertes y mar helado vivía un hombre solitario. Un día se demoró cazando con su arpón y bajo la luna llena vio algo maravilloso: sobre una roca bailaban varias mujeres desnudas y sobre sus pieles brillaban unos puntitos plateados. Reían y bailaban sin verlo. Eran tan bellas que en un impulso él saltó sobre la roca y robó una de las pieles de foca de las que ellas se habían despojado.
De pronto un llamado femenino, bello e inquietante, hizo que todas se volvieran a cubrir con sus pieles de foca y se zambulleran. Sólo una quedó, buscando angustiada su piel. El hombre le pidió que lo siguiera, que la haría su esposa. “No puedo”... le dijo ella. “Soy de las que viven abajo...”. Pero él insistió y le prometió que en siete veranos más le devolvería la piel.
Ella accedió y fueron una pareja, y también tuvieron un hijo al que llamaron Ooruk. Su madre le hablaba sobre las criaturas del mar mientras su padre le enseñaba a cazar y a pescar. A medida que pasaba el tiempo ella empezó a secarse y la piel se le fue desprendiendo a jirones. Una noche le reclamó a su esposo su piel de foca: necesitaba volver al océano. Pero él la había escondido porque no quería ser abandonado.
Su hijo Ooruk se desesperó igual que ella hasta que una noche fue hasta la orilla del mar y bajo una roca descubrió la piel de foca de su madre. Ella se la puso de inmediato y se zambulló con su hijo en el mar. “¿Este es mi nieto?”, preguntó la Foca Macho de las profundidades con orgullo. Allá abajo ella fue recuperando el brillo de su cabello y de su piel y su hijo descubrió los secretos del fondo del mar.
Pero llegó el momento en que el niño debió volver a la superficie. Ante su dolor la madre le aseguró: “siempre estaré contigo, te bastará con tocar lo que yo he tocado”. Y fue obligado a retornar a su casa, con su padre. Con el tiempo el niño se transformó en un gran cantor e inventor de cuentos, y aunque pocos le creían, siempre decía que cantaba lo que los grandes espíritus de las focas le habían mostrado una vez en las profundidades del océano.
Navegando con Piel de Foca por la superficie del río...
Si la Loba permanece hechizada bailando ante el espejo no advertirá cuando le roban su piel. Y de a poco, empezará a resecarse y a morir. Si la voz del océano vuelve a llamarla y ella se queda más de lo necesario allá arriba, cuando las obligaciones cotidianas ya empiezan a pesar demasiado... la Piel se resquebrajará bajo la roca y quizá ya no vuelva a hallarla.
Navegando con Piel de Foca por el Río Profundo, el río debajo del río...
Pero si el llamado viene a ella y lo escucha ... Ooooooruuuuuukkkk ... sabrá que la está volviendo a convocar su Piel del Alma, la de su femineidad de origen, la del fuego plural de las mujeres. Quizá la convoque a perderse en un bosque varios días o a caminar por la orilla del mar sin ser interrumpida, defendiendo su necesidad de soledad. Pero también le enseñará a hacerlo allá arriba -en medio de la cola del banco o en plena preparación de la cena para la familia- porque el retorno periódico al océano le transmitirá el arte de extender, cuando lo necesite, su propio bosquecito plegable. Y si cada tanto igual tiene que sumergirse... ¿cuándo volverá? Pues, cuando pueda... cuando sienta la necesidad de regresar de allí...