Mujeres que corren con lobos

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VIRGO: LA FORMA IRRADIANTE SE ASOMA A SU PROPIO MISTERIO

EL PATITO FEO

El dolor de vagabundear... portal de transformación

 

En una granja una pata que empollaba sus huevos vio que de uno de ellos salía una desgarbada y fea criatura. Igual decidió criarlo, pero pronto los patos más grandes empezaron a picotearlo y a gritarle “feo... eres muy feo”... La mamá pata se cansó con el tiempo de defenderlo y un día le dijo “ojalá te fueras...”. Ese día el Patito Feo huyó.

Recorrió todo tipo de lugares, siempre mal recibido o haciendo cosas inapropiadas: perseguido por cazadores, hostigado por gallinas y gatos, maltratado por chicos y grandes. Un día vio sobrevolar sobre un estanque a las más extraordinarias criaturas que jamás había conocido. Les graznó, pero no le contestaron. No entendía por qué esas criaturas blancas y aladas conmovían tanto su pequeño corazón.

El frío hizo escarcha en el estanque y una mañana el patito se encontró congelado y apretado dentro del hielo. Habría muerto si un granjero no se hubiera apiadado de él y lo hubiera rescatado, para llevarlo a su casa. Pero de allí, pronto de nuevo lo echaron y así continuó su camino, de estanque en estanque, de aquí por allá.

Un día volvió el aire suave de la primavera y una laguna empezó a calentarse con los rayos del sol. Al extender sus alas, se sorprendió al verlas fuertes y amplias... ¡y de pronto se alzó en el aire! Y desde lo alto volvió a ver a las tres espléndidas criaturas blancas que el año anterior, volando, le habían robado el corazón. Sintió deseos de acercarse pero temió que lo agredieran, como siempre le sucedía. Pero en cuanto lo vieron, los tres cisnes se acercaron nadando hacia él. En ese momento vio reflejada en el agua su propia imagen y... ¡oh prodigio! Era la imagen de un cisne... resultó que era parte de ellos. Que su huevo había rodado accidentalmente hacia un nido de patos. Era un espléndido cisne. Y por primera vez, los de su propia especie se acercaron a él y lo acariciaron, suave y amorosamente con las puntas de sus alas.

 

Navegando con El Patito Feo por la superficie del río...
Si el fuego femenino no pudo ser rescatado en Leo, en esta sexta fase la Loba quedará esquelética y ovillada en el temor, sintiéndose inadecuada y exiliada, como un Patito Feo ignorado por los suyos. Si no ha reservado fuerzas como para intentar un vagabundeo libre que la lleve a conocer otras manadas, quedarse con quienes no la comprenden será un sacrificio de la propia identidad. Sólo se abren dos tristes alternativas: el exilio a la intemperie o permanecer dentro de la manada pero sin gozar de su confianza, sintiéndose ajena, enjuiciada, criticada, desdichada... Cultivando, inevitablemente, los patéticos frutos de la envidia y el rencor.

 

Navegando con El Patito Feo por el Río Profundo, el río debajo del río...
Si el fuego femenino fue rescatado y amado, este corazón de Loba sabrá esperar el final de su metamorfosis. Mientras vagabundea conociendo otros bosques, empezará a comprender la causa de su antiguo dolor y a encontrarse con indicios de esperanza. Sabe que alguna señal vendrá, en algún momento... Y así será, porque las Lobas Madres siguen alimentando la hoguera y a lo lejos le recuerdan,... “necesitamos que cada una brille con su propio fuego... Por ahora te necesitamos así, recuperando en silencio tu propio misterio, hasta que puedas volver a traerlo a la hoguera común... aunque no estés -por ahora- con nosotras...”.