
PISCIS:
Piscis nos dice que se cumplió un ciclo completo y que ahora todo es (todo está) siendo posibilidad y realidad en este ciclo. Piscis expresa el movimiento real y profundo del Zodíaco, la circularidad misma, el retorno de la Vida. Nos muestra que arriba y abajo, Cielo y Tierra, masculino y femenino... circulan y giran. Forman una unidad.
Este movimiento circular, profundo y espiralado, es la sensación profunda de Piscis. La unidad en movimiento de la totalidad misma de la Vida. Acuario era la compleja y difícil conciencia de que somos formas plurales y entramadas de energía. Piscis es un paso más: nos dice que somos –consciente o inconscientemente, lo sepamos o no- energía pura, somos el movimiento mismo de la energía. Somos el movimiento profundo de todo lo que existe. No hay borde, no hay límite, no hay separación entre lo que creemos que somos y la realidad cósmica de lo que somos.
La frase de Buda: “no entraré al Nirvana antes de que el último de los seres vivientes lo haya hecho...” es este movimiento, es Piscis. No como sacrificio, sino como ley del movimiento en cuanto energía de compasión e identificación con la unidad de todo lo que existe. No hay diferencia entre aquello que llamamos lo alto y lo bajo, lo superior y lo inferior, sólo hay esta unidad amorosamente viviente. El Zodíaco es una espiral... el movimiento espiralado del proceso de la Vida.
La energía de Piscis es realmente amorosa en el sentido de capacidad de identificación con todas las formas y todos los aspectos o fases de la vida. La cualidad energética de Piscis es de una extrema sensibilidad, en una forma tal que la hace pasible de identificar con cualquier otra forma y con la energía que se manifieste a través de ella. En esta extrema sensibilidad está la capacidad de reverberar, de resonar, de hacer eco, de identificarse con todo lo que existe y de no excluir absolutamente nada.
Esta energía no tiene borde, a lo sumo posee una membrana. Por eso su símbolo se vincula con los peces: el agua los atraviesa, respiran agua....
Obviamente, esta energía es de un grado de sutileza máxima. Piscis es una energía extremadamente porosa, es una especie de membrana homeostática en la que todo lo que está afuera entra, y todo lo que está adentro sale. La posibilidad de una identidad totalmente autónoma, separada, independiente y discriminada, no es fácil de conseguir desde la materia prima pisciana.
Con Piscis hemos terminado de recorrer el Zodíaco. Uno de sus tesoros es la posibilidad, para la conciencia humana, de comprender mucho más íntimamente las diferencias y no juzgarlas. Ningún signo es completo en sí mismo. La lógica del Zodíaco nos dice –piscianamente- que lo único completo y por eso mismo lo único creativo, es la interacción amorosa de las diferencias.