
ACUARIO:
Hemos cruzado el portal: la forma viajó y llegó más allá de sí. Por este cruce o salto hacia otra dimensión, Acuario es considerado como el cuarto signo de poder (junto con Tauro, Leo y Escorpio). Su poder está dado por la energía de la fuente originaria, a la cual se está acercando nuevamente el viaje de la forma.
Acuario es la percepción de que las doce diferencias –expresadas zodiacalmente- integran la Totalidad y la Creatividad. Ya no podrá existir la fantasía de que una parte es la absoluta. En Acuario, las cabras capricornianas advierten que son multitud y que ninguna hace nada por sí misma. Esto representa una visión de la realidad como una red de energía, en la cual el sujeto (la forma, el cántaro acuariano) es sólo una manifestación de la misma.
La percepción profunda en Acuario es que la realidad misma es un entramado de energía, es otro nivel de realidad que se expresa con miles de diferencias en la forma. La energía corre a través de las múltiples formas y se expresa de diferentes maneras. Todas ellas responden a la totalidad, aunque parezcan separadas.
Dicho de otro modo, desde que en Leo la energía se dijo a sí misma “Yo soy Yo...”, y tuvo sensación de identidad -conciencia de sí- se esperaba el momento en el que el Zodíaco –la forma como proceso- tomara conciencia de sí como tal. Y así como Leo es la conciencia de la solaridad de la forma, Acuario es la conciencia de la constelación de las distintas formas.
En Acuario lo creativo es un entramado, es una circulación de energía. No es una sola parte la que resulta creativa. Acuario diría: “todo es todos”. En Acuario es la segunda vez que aparece una comunidad, pero no como en Cáncer, como una comunidad que excluye para protegerse. En Acuario ya no hay peligro de que una parte domine a la otra, anule a la otra o se superponga a la otra. En Acuario se produce una reunión como producto de la diferenciación. Se da el reconocimiento pero no por historia compartida, sino por la afinidad esencial tocada en la fase previa.
Estamos ante una energía esencialmente grupal y, al mismo tiempo, de absoluta independencia y libertad. Ante una máxima diferenciación y, a su vez, ante una red. Acuario no puede concebir la realidad como individualista: siempre es red, siempre es encuentro, siempre es la totalidad la que se mueve a través de los individuos. La realidad siempre es comunidad y, al mismo tiempo y por eso mismo, es la máxima libertad.
Por ello, lo propio de Acuario es lo propio del proceso creativo de la Vida misma; una conciencia cósmica que ve cierto orden y que capta lo que resulta prácticamente imposible dentro del orden de una conciencia individual.
Acuario es la tolerancia a esta etapa del viaje: un viaje que por primera vez circula sin referencias conocidas, con saltos de absoluta y total discontinuidad.