Astrolobum

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CAPRICORNIO:

El último puerto del viaje de la forma

La LEY del deseo

 

En la fase anterior de Sagitario vivimos –aún dentro del camino inicial de la forma- cómo se producía una síntesis vital de niveles, mientras aquélla confiaba cada vez más en el rumbo que iba tomando su camino. El fuego crecía y aumentaba la potencia del Río de la Vida. La navegación conocida está ahora por llegar al Último Puerto, donde el trasborde revelará una dimensión hasta el momento desconocida.

 

El cruce ha llegado y esto es Capricornio: el cambio de nivel –la iniciación- de la forma en su proceso de retorno hacia la fuente. Nos encontramos ante un ritual de pasaje. Capricornio –signo que domina la cima del Zodíaco- es el portal del salto cualitativo del viaje de la forma.

 

La forma viene desde las profundidades, desde los abismos del origen. Y en esta fase es una expresión de este proceso que –como la cabra- ha llegado hasta la culminación de la montaña. No es algo individual. Toda la evolución de la vida nos interroga desde allí. Por eso lo importante ya no es lo concreto, sino el armazón que está por detrás.

 

La energía de Capricornio es una energía esencial: sólo le interesa el viaje de la forma convertido en pura esencia. Hay una especial intensidad en esta conexión con lo esencial, con lo más destilado y profundo de todo lo que existe. Con la fórmula energética de la realidad misma. Hay una especial intensidad en sentir que, más allá de la columna concreta, hay una ley que la sostiene.

 

Estamos ante el despojamiento de todo lo superfluo. A partir de esta fase sólo existirá lo imprescindible. Esta altísima concentración genera una potencia muy particular: la potencia de la recapitulación, la reabsorción cardinal de todas las experiencias anteriores. Por ello Capricornio es la conciencia del tiempo, de un largo proceso del cual la forma toma lo esencial: la ley de la realidad.

 

No se trata de la ley humana, porque la misma puede ser eventualmente modificada. Se trata de la ley de la naturaleza. El mundo capricorniano es el mundo de lo que es. Se trata de la ley de gravedad, no del deseo de volar en cualquier momento y de cualquier manera. Aquí la forma comprende la ley de su deseo. El deseo de la forma es la realidad misma. No hay contraposición entre el deseo de la parte y la ley del Todo, porque la parte ha comprendido que es parte del todo y, en consecuencia, está automáticamente incluida en la ley del Todo.

 

“Soy parte de la realidad y la realidad tiene leyes”, medita Capricornio. “Entonces, tengo una ley”. No es la ley personal de un individuo que se concibe separado del todo, es una ley como aspecto de un orden abarcador.

 

Para Capricornio, la magia es la ley. Incluye la presencia del tiempo como constitutivo de los hechos, como una estructura que está por detrás de la realidad.

 

“Vengo a separar las cabras de las ovejas...”, se dice en el Evangelio. Las ovejas van en manada, mientras que las cabras van solas y llegan adonde nadie llega. Esta cabra con cola de saurio está representando la vida que va desde lo más primario, informe y arcaico, y que llega adonde nadie llega: el hombre mismo engarzado en la vida. El hombre en su camino de individuación, hasta llegar a lo esencial. En este punto reside la paradoja capricorniana: un ser entendido como máximo individuo, comprendiendo que es una expresión más de un orden que lo incluye.

 

En este nivel de la realidad, su deseo se torna invencible.