Astrolobum

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CÁNCER:

Espacio y tiempo... para relaciones perdurables

El ÁMBITO a cuidar, la morada de la Vida

 

Recién en Cáncer el Zodíaco toma una forma entendible para la conciencia humana.

En Géminis las posibilidades se abrían hasta el infinito y no cesaban de variar. Por eso, la energía necesitó otro paso: aquietar ese movimiento de apertura infinita y darse a sí misma un límite, para que en su interioridad empezara a generarse algo estable. No podemos entender la Vida de otra manera. Sólo podemos concebirla a través de formas perdurables, de puntos de partida concretos y materiales lanzados hacia un proceso de crecimiento.

 

La energía ha generado esto a partir de sí misma, se ha auto-recortado como ámbito diferenciado, dentro de la altísima inestabilidad geminiana. Las formas vivientes necesitan crecer y desarrollarse en un ámbito interior protector y nutricio porque ¿cómo podrían hacerlo en lo abierto? Sería como pretender que germinara un brote delicado en medio de un vendaval. Sólo a partir de este resguardo que la energía se da a sí misma, aparece la fase canceriana: marcando un límite entre el adentro y el afuera.

 

Ya llegará más adelante la fase zodiacal en la cual la forma se reencontrará con todo lo que fue excluido e intentará recuperarlo. Por ahora, en Cáncer, todo lo humano será traducido como mi mundo. Y el afuera será, también por ahora, lo diferente, e incluso también lo peligroso, de lo que es necesario defenderse.

 

O sea que en Cáncer, por primera vez, hablamos de la forma. Y toda forma es separativa porque, para ser algo, debe dejar de ser otra cosa. Ese algo son las relaciones permanentes a partir de las que –como ocurre con el útero, el embarazo, el nido o el huevo- se gestó ese mismo envoltorio espacio / temporal para el cuidado de lo vulnerable. Lo gestado madurará en ese interior protegido hasta que su crecimiento y su proceso exijan el despegue y la salida.