
GÉMINIS:
Aries y Tauro revelan los dos grandes movimientos de fuerzas del universo: la expansión y la contracción. A Géminis le corresponde expresar la relación entre ambos, mostrar cómo la energía ariana y la masa taurina se definen mutuamente a través de su inevitable vinculación (de alguna manera, es lo que propone la fórmula de Einstein).
Esta tercera fase del Zodíaco indica la polaridad misma de todo lo existente desde el átomo –electrón / protón- hasta el sexo de los seres vivos –masculino / femenino. Propone mirar el universo como vincularidad creativa, a partir del juego de los dos polos de todo lo viviente.
Géminis es por lo tanto la dinámica infinita del universo, la vida como relación entre polos que se definen entre sí y que son recíprocamente necesarios. La materia conteniendo dentro de sí la creatividad de la energía, expresándose en un movimiento infinito de continuos sistemas nuevos. De alguna manera responde a una hipótesis actual acerca del universo, según la cual éste podría estar conformado por una básica vibración de información y de intercambio continuos.
Que el intercambio entre dos polos constituya el substrato de la realidad, implica la posibilidad de una exuberante creatividad por variación. E indica que la materia en sí misma es un desdoblamiento a partir de una homogeneidad inicial.
Por eso en Géminis todo es diferencia, vínculo, relación, combinación y movimiento. Por eso la energía alcanza, en este tercer paso del Zodíaco, su máxima inestabilidad: porque es el momento de probar, de experimentar con todas las posibilidades.