
Odin-Wotan y Frejya pertenecen a mitologías diferentes de las que estamos acostumbrados a recorrer. Especialmente en el mundo germánico, los dioses esperaban un final catastrófico, un Ocaso de los Dioses... Quizá por eso el Walhalla no es, como el Olimpo o el Cielo, un lugar de eternidad. Tampoco hay en estos panteones dioses creadores, ni masculinos ni femeninos.
Lo originario, lo potente y sagrado en estas mitologías, es la fuerza natural de la Tierra: el Agua, el Hielo, la Luna, el Sol. Sobre estas entidades naturales y poderosas fueron naciendo los gigantes y los dioses. Entregados, como la vida misma, al ritmo de la totalidad.
Odín es el jefe de todos los dioses y posee atributos con los que supera al resto: no sólo es el más sabio sino también el que ha sido iniciado en los misterios de la ciencia y la poesía. Pero básicamente es el dios de la Guerra (en particular entre los germanos del Oeste, donde se lo llamaba Wotan), y el Rey soberano de su entorno.
Odín-Wotan, tiene algo de inquietante: también es un dios Mago. Su arma es la lanza mágica Gungnir, sólo bebe hidromiel y no se separa de su caballo prodigioso, Sleipnir. Reside en el Walhalla, inmensa sala donde el oro brilla con todos sus fuegos y donde, por cuidado suyo, se reúnen los más valerosos guerreros muertos en combate. A su lado, ocupan un lugar especial las Walkyrias, sus mensajeras quienes, de manera parecida a Frejya, son muy femeninas pero a la vez feroces guerreras.
Pero Odín llegó a tener más reputación por la profundidad de su pensamiento y la sabiduría de sus consejos que por su fuerza. Su ciencia no le fue dada desde toda la eternidad, sino que la adquirió poco a poco interrogando sobre todo al “espíritu del agua”. Así adquirió el arte de profetizar, de donde obtuvo su mayor poder. Pero claro: era éste un arte muy femenino, y se dice que fue Frejya quien se lo proporcionó, a cambio de tener ella, como la Gran Walkyria, un lugar preferencial en las batallas.
Frejya, la diosa germánica de la guerra y del amor, nos propone un salto en la comprensión del camino de individuación femenina. Nos muestra de qué manera unir hechizo con inteligencia y seducción con fuerza. En tanto guerrera, suele encabezar la cabalgata de las Walkyrias en el campo de batalla. Pero esta diosa bella, fuerte y lúcida, también tiene mucha condición materna, y en ocasiones es considerada como la personificación de la Tierra. Por provenir del mundo de los elementales, Frejya siempre estuvo cerca de la pasión salvaje de los Elfos y las Hadas, quienes la consideraron una de sus mayores sacerdotisas.
Ella le enseñó muchas artes femeninas a su amado Odin-Wotan mientras que él, se supone, la entrenó como guerrera. Esta alquimia los transformó en amantes cósmicos (sin dejar de “dedicarse”, cada tanto, situaciones de manipulación y venganza muy semejantes a las humanas).
Por todo lo visto, no ha de sorprendernos que Odin-Wotan y Frejya intercambiaran sus dones específicos y juntaran dentro de cada uno, según su propia naturaleza de género, el poder del amor con el de la guerra. Quizá es porque sabían que, incluyendo Venus a su masculinidad arcaica, el varón es más masculino. Y que sumando Marte a su femineidad esencial, la mujer resulta más femenina.
Es obvio que sólo Acuario podrá abrirnos (¿algún día?) a semejante salto cuántico vincular.