Arte y Mandala

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SAGITARIO: LA FORMA RENACIDA VIAJA HACIA LO ABIERTO

SHIVA y KALI

El Varón Tántrico – La Iniciadora Sexual

 

La diosa hindú Kali se muestra, en el abrazo amoroso, montada sobre la forma postrada del dios Shiva, su esposo. Muy lejos de sentirse menoscabado por esa posición sexual (a diferencia de lo vivido entre Lilith y Adán, en la fase escorpiana anterior), el poderoso Shiva celebra que la libertad erótica de su amada, expresándose de esta manera sobre su propio cuerpo, se retraduzca como lo femenino orgásmico (explosiones de alegría). Shiva sabe que cuando el principio de la energía femenia (Shakti) se expande o se abre, el Universo ES. Pero que cuando Kali-Shakti se repliega o cierra, el Universo desaparece de la manifestación.

 

El dios Shiva personifica el poder destructor y disolvente de la naturaleza, del tiempo y de la muerte. Su danza guerrera desenfrenada engendra la destrucción del mundo, pero también encarna el poder reproductor de la naturaleza a través de su símbolo fálico (el lingam) personificación del poder generador. La parte ascética de Shiva destruye para restaurar y por eso encarna la fuerza divina que triunfa por encima de la ilusión del mundo.

 

Shiva aparece siempre acompañado de su consorte, la diosa Kali, personificación del principio femenino. Kali es es la única Diosa que actualmente tiene seguidores y que nunca, en la historia, dejó de tenerlos. Y aunque su tema principal es la llegada de la muerte al mundo, ella se manifiesta mediante la aniquilación del costado demoníaco del poder masculino, a fin de restaurar la paz y el equilibrio.

 

Después que han atravesado la guerra y sus extremos, Shiva y Kali practican el Amor Tántrico. O sea, comparten un sendero a través del encuentro sexual, que encierra en sí todas las dualidades y polaridades. Un camino en el cual lo material (el cuerpo, el deseo, el sexo) se convierte en principio liberador.

 

En el tantrismo, el misterio de la mujer conquista un lugar predominante y la unión sexual pasa a ser la realidad simbólica de la unión con la suprema fuerza del universo. Lo cual equivale a decir que toda experiencia humana es susceptible de ser transfigurada, de ser vivida en otro plano, trans-humano.

 

Si en la fase escorpiana supimos tolerar la fase del desencuentro entre los sexos, entendida como la estación profunda y misteriosa de la guerra entre masculino y femenino, ahora en Sagitario podremos tocar (aunque sea levemente) la poderosa fluidez del Encuentro Tántrico, aunque no es sencillo a los varones y mujeres de esta época, comprender qué se quiere decir con él. Hemos perdido milenios de posibilidades, sumidos como estuvimos en la Guerra y el Desencuentro como estación final del viaje.

 

Pero si pudimos en Escorpio comprender la función curativa del dolor como estación intermedia (el dolor separativo entre un Dios y una Diosa que antepusieron su orgullo al deseo del abrazo), quizá podamos en esta fase sagitariana correr brevemente el velo de este misterio humano. Aún en estos tiempos desangelados, no hemos perdido toda la sabiduría. En cada varón y en cada mujer, en sus cuerpos diferentes y al mismo tiempo destinados a la Unión Sagrada (la que reproduce la unión entre el Cielo y la Tierra), se siguen albergando los gestos espontáneos del Amor Tántrico.

 

Una respiración compartida, el fuego de las manos recorriéndose uno al otro de determinada manera, el movimiento sincopado de dos corazones entregados a un ritmo recíproco y profundo. El perfume de la piel extendida de dos seres que, en su aparente separación, aún conservan el privilegio de recordar, cada tanto, que son el símbolo viviente de un Universo tejido por dos colores básicos, por dos sonidos contrapuestos, por dos vibraciones que se unen luego de guerrear, que se diferencian luego de abrazarse. Que aún reproducen el baile (¿eterno... quizá?) del principio de la polaridad del cosmos.