Arte y Mandala

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ESCORPIO: LA FORMA Y SU SOMBRA, EL PODER DE LA MUERTE Y DEL RENACIMIENTO

LILITH y JEHOVÁ

La Rebelde – El Poderoso

 

Según la tradición religiosa occidental, Dios es exclusivamente masculino y la iniciación femenina fue obligada a ocultarse y a hacerse subterránea. La opción patriarcal tuvo de allí en más hasta los estertores del presente, en la mayoría del planeta, la llave del poder. Pero... ¿qué precio pagaron los varones por tan supuestamente honrosa “promoción”?

 

Lilith (la cara oscura de Eva, de la Mujer Lunar) se hizo cargo de la venganza de la Diosa luego que ese Dios Masculino Total decidiera quitarle todo su poder en el mundo. Por eso, oscuramente, ella emerge desde el rencor de lo femenino herido, como una prometida “Yaveh vengadora”.

 

No nos engañemos: entre Lilith y Jehova no hay ninguna disputa de Poder Divino. Sólo hay un milenario dolor retenido: el de un dios y una diosa que se empeñaron en olvidar el camino del reencuentro.

 

“Ganarás el pan con el sudor de tu frente y parirás tus hijos con dolor”, son frases bíblicas que continúan vigentes. Sin embargo, según el mito bíblico no siempre fue así. Al principio existía el Paraíso y ambos, varón y mujer, compartían por igual el amor, la confianza, la entrega. Adán fue no obstante el preferido del Gran Padre Todopoderoso. Eva fue designada como su compañera, pero sobre ella siempre pendió una oscura nube de desconfianza. ¿Quizá porque por las noches Adán recordaba a Lilith, su antecesora, aquélla que conocía el nombre oculto de Dios? Pero mientras los textos bíblicos no nos dicen de dónde provenía ese gran don de Lilith, ni por qué fue arrojada del Paraíso, sí nos dicen que fue mismo Gran Padre quien imprimió en Adan el poder de “nombrar todas las cosas”.

 

Pocos mitos de la masculinidad y de la femineidad aparecen tan irreductiblemente contrapuestos como los de Jehová y Lilith. Un verdadero trabajo escorpiano nos pide estar atentos a estos “combates eternos” de la psique humana, como un ejercicio ineludible del camino de individuación.

 

Lilith es un hechizo engañoso: es la adicción femenina al despecho estéril frente a la tiranía del varón, que las mujeres sojuzgadas por milenios confundieron con su “poder oculto”. Jehová es la máscara rígida de los modelos de perfección patriarcales, que oculta las lágrimas de dolor de los varones ungidos como sus hijos “a imagen y semejanza”.

 

El sufrimiento y la miseria de los descendientes de Adán y Eva no cesará mientras dure el enfrentamiento ciego entre el Dios Todopoderoso y la Diosa herida y rebelde. La vibración de Escorpio puede permitirnos tocar el fondo misterioso y (aunque nos cueste comprenderlo así) profundamente creativo de estas contradicciones del dolor y del amor. Las mujeres y los varones parecemos ir accediendo a ese misterio poco a poco, luchando y apaciguándonos, odiándonos y amándonos... Quizá hasta que se nos revele, por agotamiento, la carga de orgullo y egoísmo que cada uno de nosotros está destinado a perder. Sólo entonces podrá tener lugar la continuación del camino, a recorrer juntos.