
Osiris e Isis nos colocan ante la mezcla del amor "celestial y terreno" que varones y mujeres dramatizamos en nuestros encuentros. Nos muestran, desde los dioses, el mayor de los misterios humanos: aquél en el cual el amor de un polo por el otro, como atracción irresistible, juega el papel principal en el primer florecer de la individuación.
Pero la fase leonina pide atravesar un velo: la irradiación singular de cada sexo, como camino para el vínculo profundo. En nuestras vidas de todos los días éste es un límite difícil de traspasar: el de los "egos en pugna".
Los arquetipos del Rey Osiris y de la Reina Isis aparecen al principio como hermanos (como pares), pero prontamente sus cabezas coronadas se ven obligadas a recorrer parte del camino por separado. Esta es la parte alquímica del Amor, en la cual cada uno debe poner a prueba su propia Corona.
Ya en los libros antiguos de la Alquimia, la Luna nos une a varones y a mujeres desde la raíz mientras el Sol nos diferencia desde el cenit.
Igual que en nuestras historias personales (en el matrimonio, en el noviazgo, en cualquier vínculo varón-mujer) en algún recodo del mismo, va quedando muy poco del Rey y la Reina.
Sin embargo, por delante, sigue brillando el encuentro irremediable, las Grandes Nupcias, el Matrimonio Sagrado.