
En estos encuentros rituales, el trabajo arranca siempre con la ubicación del personaje mitológico, o del dios y/o diosa correspondientes, en el mandala, siguiéndole la adjudicación a cada concurrente de una de las doce imágenes que completarían la secuencia arquetípica. La primera parte del trabajo está siempre centrada en convocar la energía del mito, cuento u arquetipo ligado al signo de cada mes.
Luego, con el apoyo de música, materiales, vestuario y escenografía específicos, se juega la luz y la sombra de la imagen arquetípica convocada, a fin de experimentar grupalmente las facetas de sus respectivos aspectos. Tanto en los rituales femeninos como en los mixtos, siempre se tiende a explorar las distintas maneras como esos mitos expresan la proporción de la masculinidad y de la femineidad, puesto que pocas cosas han provocado más dolor, históricamente, que la incomprensión entre lo masculino y lo femenino. Desde antiguo los arquetipos y mitos culturales nos han dado material para meditar sobre este desencuentro. Sin embargo, todavía nos fascinan. Tanto que a veces no deseamos salir de su hechizo aunque tarde o temprano nos revelen –como el final de películas una y mil veces repetidas- los aspectos más sombríos y adictivos de lo humano.
Como frecuentemente el desencuentro suele ser la vía (a través de la sombra) para el encuentro, nuestra apuesta es que en cada oportunidad se nos revelará cuál es la otra dupla de personajes o dioses “sombríos” que aparecen como contrafigura, tanto en el mito como en nuestras propias vidas.
Finalmente se realiza un círculo de reflexión y de decantación de la experiencia compartida. A lo largo del mes, cada asistente puede continuar profundizando el trabajo contando con la recopilación mitológica de fuentes documentales o con textos en los que se ha narrado y sintetizado la experiencia, y asimismo manteniendo un intercambio vía e-mails o consultas personales con los coordinadores.